AMISTAD, FRIENDSHIP, AMITIÉ, FREUNDSCHAFT, ДРУЖБА, 친교

La Amistad: ese tesoro...

por Fernando Vázquez

(21. 7. 2004)

                                                           
Dice la Real Academia Española de la Lengua en su diccionario que la amistad es un “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”.

Observamos diferentes requisitos que debe tener toda amistad para ser considerada como tal.

Pueden ser pocas o muchas las personas que nos profesen ese “afecto personal”, pero: ¿cuántas de ellas lo hacen de forma pura y desinteresada? Eso, al margen de que ciertas “amistades”, lejos de fortalecerse con el trato y con el tiempo, se van corrompiendo, presa de las envidias, celos, intereses, veleidades, malos rollos y demás, convirtiéndose en un “no se sabe muy bien qué”, una especie de “amistad enmascarada” que no sabemos a ciencia cierta qué objetivos persigue.

Otras personas, las menos diría yo, sí que nos profesan ese afecto, de manera absolutamente desinteresada, a las duras y a las maduras.

El movimiento se demuestra andando, decía alguien. Bien, pues la amistad se demuestra con hechos palpables, tangibles, no con palabrería absurda y barata de la que cualquiera puede hacer gala en un momento determinado. Ésto podría ser aplicable en cierta medida también al amor, pero ese es otro asunto que ahora no viene al caso.

Hay gente que alguna vez nos puede llegar a confundir, que parece que son los mejores amigos del mundo, las personas más maravillosas que te puedes encontrar. Incluso puede que te apoyen en algún mal momento. Pero a éstos se les caza rápido. Tienen algo que les delata. Esa especie de “doble fondo” que tienen algunas maletas. Personas taimadas a las que antes o después acabas cogiendo “con las manos en la masa”. A gran parte de esas personas les mueve, casi siempre, algún oscuro interés.

En fin, que las cosas, como decía antes, se demuestran con hechos. Un amigo verdadero está contigo te vayan bien las cosas o te vayan mal, llueva o nieve, para reír y para llorar, en resumen… para todo. Ésas son las amistades que merecen la pena, las puras y desinteresadas, como dice la RAE.L. Así que… si vas a estar conmigo en los malos momentos y también en los buenos… considérate mi AMIGO. Si vienes a verme porque me siento sólo… considérate mi AMIGO. Si tienes esa noble intención, desinteresada, limpia, pura y cristalina… considérate mi AMIGO. Si, por el contrario, vas a estar conmigo cuando haya cachondeo y todo vaya estupendamente, y cuando me encuentre solo, con problemas, triste o deprimido, tú no vas a estar ahí... Si eres mi amigo porque te mueve algún tipo de interés, si sólo me consideras un “colega” y nada más, si no cumples los requisitos arriba expuestos... TÚ NO ERES UN AMIGO. Eres alguien a quien conviene tener lejos, muy lejos, y a ser posible advertir a futuras “víctimas” de tus verdaderos objetivos, dignos de un auténtico “chupasangre”.




© Santiago Vázquez