"Las Experiencias Cercanas a la Muerte 
y la Vida después de la vida"

por Santiago Vázquez

(22. 1. 2002)


Muchas veces hemos escuchado, entre soñolientas sobremesas y en largas veladas hasta el amanecer, que nadie que haya muerto haya regresado para contarlo. Es un argumento que no se ajusta a la realidad y que hemos oído reiteradamente, aún cuando quien lo dice no tenga la menor idea de lo que está diciendo o afirmando.

Una encuesta Gallup de finales de los años 80, reveló que cerca de 260 millones de personas habían experimentado lo que los especialistas denominan una “Experiencia Cercana a la Muerte” (ECM) o como las llama el famoso psiquiatra e investigador Raymond Moody “Experiencias de Vida después de la vida”.

Son esas personas que a raíz de un accidente, una operación, una enfermedad, un paro cardíaco, etc, han contemplado su cuerpo físico desde fuera de él y que han sido transportados a otras dimensiones de la existencia, describiendo sus experiencias con una precisión meridiana.

El encuentro con seres queridos ya fallecidos, el túnel por el que se deslizan los testigos, la Luz al final de éste, la revisión de la vida y otras tantas cosas que relatan todos los testigos de una forma muy parecida, independientemente de sus creencias, clase social, cultura, etc, son constantes en la mayor parte de las vivencias. La experiencia es muy similar en casi todos los casos.

La vida después de la muerte: ¿Existe? ¿Usted que cree? A tenor de estas experiencias y de ciertos fenómenos denominados paranormales, todo hace pensar y sugerir que así es: que la vida continúa tras la muerte del cuerpo físico.

¿Qué hay después de la muerte? Miles de testigos lo han contado y ahí están sus testimonios. La vida en el "más allá" es un misterio que ha intrigado al ser humano desde sus comienzos en este planeta nuestro llamado Tierra, misterio que, según las Experiencias Cercanas a la Muerte, cada vez queda más desvelado... Algún día, cuando nos llegue la muerte, sabremos qué hay más allá de la tumba, porque así es la vida, y también la muerte...

 



© Santiago Vázquez