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"La
vida: una salsa agridulce"
por Santiago Vázquez
(28. 1. 2002)
La vida es como esa salsa
que te sirven en los restaurantes chinos para acompañar el arroz tres
delicias u otros manjares. Un líquido de color rojizo que igual puede
acompañar unas suculentas piezas de cerdo –el llamado cerdo agridulce-,
hacer de complemento al tierno y crujiente “rollito de primavera” o
entremezclarlo con una generosa ración de arroz chino. Es la salsa
agridulce. Despide un fuerte olor a vinagre, para algunos desagradable,
pero la verdad es que acompaña excelentemente a la comida servida.
La
vida es semejante, la vida es agridulce. Nuestra vida se compone de momentos agrios,
amargos y momentos
dulces, felices. ¿Se imaginan una vida sin contraste de emociones, de
acontecimientos? ¿Todo igual, rutinario, monótono, sin el devenir
habitual de las cosas, sin momentos culminantes?
La
vida es un continuo ir y venir de hechos, un ida y vuelta de sucesos, ora
dulces, ora agrios y amargos. No podemos, por propia voluntad, suprimir
los momentos amargos, ni potenciar al máximo los felices y alegres. No
tenemos poder para ello.
Lo más sabio y prudente es dejar que esa “salsa agridulce” nos acompañe
durante toda nuestra vida.
La
vida, nuestra vida es, a la fuerza, agridulce, como la salsa de los
restaurantes chinos... porque así es la vida.


© Santiago Vázquez
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