Fernando García es el dibujante oficial de nuestra página web. Yo creo, bromeando ahora un poco, que es la reencarnación de algún importante pintor. Siendo todavía un niño, hacía unos dibujos que dejaban boquiabiertos a propios y extraños. Y es que Fernando dibuja y pinta como los ángeles. Yo le animo a que su actividad artística sea más abundante, ya que, a veces, le puede un poco la pereza. Por eso, le animo, también desde estas líneas, a que acreciente su creatividad y a que dibuje cada vez más. Él ha nacido para dibujar, está predestinado para ello.

Hablar de Fernando es, entre otras cosas, remontarme a mi más tierna infancia. Él era mi gran amigo en mis vacaciones de verano en la sierra de Madrid. Todavía recuerdo con cierta nostalgia, las tardes que pasábamos, con 11 o 12 años, en la feria del pueblo donde yo veraneaba y él residía. Allí, entre algodones, piruletas, coches de choque, norias y caramelos disfrutábamos como "enanos" (y nunca mejor dicho, ya que lo éramos).

Fuimos creciendo y cambiamos la feria por las discotecas y los conciertos y vaquillas que se organizaban en la plaza de toros del pueblo. Éramos chicos sanos, ya que, por aquel entonces, ni fumábamos ni bebíamos, pero las mujeres empezaron a interesarnos (como a todo hijo de vecino). "Para mí la rubia y para ti la morena"... Nunca se me olvidará. Conocimos a dos chicas, una rubia y otra morena (muy guapas las dos), y hasta que no conseguimos entablar amistad con ellas, no paramos. "La rubia y la morena", así las conocíamos entre nosotros, sin mencionarlas por sus nombres. La cosa no fue a más. Quizás porque así estaba escrito... otras "sorpresas" nos aguardaban en el camino de nuestras vidas...

Debido a mi particular "destierro" a tierras manchegas por el amor de una dama, perdí temporalmente el contacto con el bueno de mi amigo Fernando. Él siguió viviendo en su casa de la sierra y yo me embarqué en un "proyecto amoroso" con mi "dulcinea de ojos verdes". A mi regreso a la sierra, en 1998, volvimos a reencontrarnos y a ser los grandes amigos que siempre fuimos. Volvimos a salir de juerga por las noches y quedábamos de vez en cuando para grabar psicofonías.

Si tuviera que contar los pormenores de nuestras "noches de fiesta", me extendería demasiado. Simplemente diré que lo pasamos a lo grande. A veces se sumaba a la fiesta el bueno de Juan Carlos Salamanca. Recuerdo ahora, entre otras muchísimas cosas, una noche de carnaval. Juan Carlos se disfrazó de Caballero Templario, Fernando de árabe y servidor de judío. Todavía guardo algunas fotos de aquella noche inolvidable. En fin, que juntos lo hemos pasado muy bien (y lo seguimos haciendo).

Cuando me junto con Fernando sucede un curioso fenómeno, y es que ambos sacamos con mucha facilidad nuestro "niño interior". Vernos es un "espectáculo". Nos gastamos bromas (a veces pesadas), nos entran agudos ataques de risa, nos contamos los chistes más estúpidos que uno se pueda imaginar, nos despeinamos la barba y el pelo el uno al otro (cosa que nos da mucha rabia a ambos)... y es que, como digo, cuando estamos juntos somos dos niños traviesos y revoltosos. Todos necesitamos, y además es sano, sacar ese niño que todos llevamos dentro.

¡Eso sí, que quede claro! ¡Nuestra diversión está exenta de todo tipo de drogas! (exceptuando alguna cerveza y los cigarrillos que fumamos, que ojalá los dejemos pronto... estamos en ello). Disfrutamos de un humor sano. A veces nos hemos dicho en medio de un ataque de risa: "Si alguien nos viera ahora mismo, pensaría que estamos muy "fumados"... Y es que para disfrutar y pasarlo bien sólo hace falta una cosa: tener un buen amigo o amiga con quien compartir.

Me siento orgulloso, mi buen amigo Fernando, compañero de tantos buenos momentos, de tenerte cerca de mí. Sigue dibujando tan bien como lo haces y que sigamos viéndonos cuando cumplamos los 50.
Un abrazo, amigo,
                

                   Santiago Vázquez
                                                                                                





© Santiago Vázquez