La "dama parda" de Raynham Hall


¿Es posible que una cámara fotográfica pueda captar imágenes que habitualmente el ojo humano no ve?

A juzgar por la casuística existente al respecto, podemos asegurar que, en determinados casos, las cámaras de fotos son capaces de registrar la existencia de determinadas “realidades” que pasan, casi siempre, desapercibidas para nosotros. Se trata de la llamada "fotografía paranormal".

Desde que comenzó la investigación en este terreno, hace ya unas décadas, son numerosas las fotografías paranormales obtenidas por multitud de investigadores, y, en muchas ocasiones, por personas ajenas a este tipo de fenómenos que, de forma accidental, se encuentran, al revelar su carrete fotográfico, con alguna que otra “sorpresa”.

Son bien conocidas las fotografías de fantasmas y espectros, ya que la casuística es relativamente abundante y, en algunas ocasiones, de calidad.

Cuando una persona experimenta la aparición de un ser humano ya fallecido, la psicología y la psiquiatría tradicionales califican el fenómeno como alucinación, achacando la causa de dicha aparición a su cerebro y a su mente. Pero en este punto nos encontramos con un argumento difícilmente rebatible, por no decir irrebatible. Si estas apariciones son, según la psicología y la psiquiatría, alucinaciones, y consideran improbable la posibilidad de que alguien fallecido pueda manifestarse: ¿cómo es posible que las cámaras de fotos, y en ocasiones también las cámaras de vídeo y de televisión, capten la presencia de esos aparecidos?

Es posible que si el sujeto padece algún trastorno, el fenómeno tenga un origen meramente alucinatorio, pero existen numerosísimos casos en los que la hipótesis alucinatoria queda completamente descartada.

Sabemos que el ser humano puede experimentar alucinaciones, pero lo que debe quedar bien claro, y además es de pura lógica, es que las cámaras de fotos no sufren alucinaciones. La cámara fotográfica capta lo que hay, es objetiva, no subjetiva.

Cuando nos encontramos ante una supuesta fotografía paranormal, lo primero que hay que hacer es descartar el fraude. Después, debemos averiguar si alguna causa natural ha podido provocar esa fotografía. Una vez descartado por completo el fraude y las causas naturales, podemos empezar a pensar que nos encontramos ante una verdadera fotografía paranormal.

Es cierto que en diversos casos se ha detectado el fraude, pero con los medios tecnológicos de que disponemos actualmente, es muy difícil, por no decir imposible, hacer creer a un especialista que una fotografía es paranormal cuando es un montaje. Afortunadamente, los medios técnicos han avanzado mucho y cualquier manipulación fotográfica es relativamente fácil de detectar cuando se dispone de la aparatología precisa. Pero el hecho de que exista el fraude en este tipo de fotos, no quiere decir que no existan las auténticas.

Las auténticas fotografías paranormales existen, y son una evidencia para cualquier investigador serio y riguroso.
¿Qué debemos pensar entonces? ¿Qué “realidades” capta la cámara fotográfica?

En nuestra “Galería de Fotografías Paranormales” les presentamos aquellas muestras fotográficas que, después de un exhaustivo análisis, resultan ser auténticas y exentas de cualquier tipo de manipulación. Algunas de ellas pertenecen a la categoría de “clásicas”, esas fotografías que, desde hace varios lustros, fueron cedidas a los medios de comunicación por sus propietarios y que son los paradigmas de la denominada "fotografía paranormal" o "escotografía". Otras, por el contrario, son fotografías menos conocidas, poco o nada difundidas, pero que sus autores me han cedido amablemente para su estudio. 

En definitiva, podemos plantearnos si estas fotografías paranormales no serán una evidencia más de la realidad de otros planos o dimensiones de la existencia. Merece la pena echarles un vistazo y reflexionar sobre ello. ¿No será que verdaderamente existe una vida después de la muerte?...  Que lo disfruten.

Un afectuoso saludo,
                          
                              
Santiago Vázquez  
 
                                                                           



© Santiago Vázquez