Imagen frontal de la Síndone (positivo)


Rostro del Hombre de la Síndone


Imagen frontal de la Síndone (negativo)


La Sábana Santa de Turín es uno de los objetos arqueológicos más estudiados e investigados por la ciencia durante el siglo XX.
Pocos objetos han provocado tanta polémica. La Síndone ha sido, y sigue siendo, motivo de discusión en ámbitos muy variados.
Si este tejido de lino no estuviera relacionado directa o indirectamente con la figura y persona de Jesús de Nazaret, quizás no habría desatado tanta expectación. Si esta mortaja hiciera alusión a cualquier otro personaje histórico, el asunto hubiera sido tratado de muy diferente manera por los medios de comunicación de todo el mundo.
Lo que sucede es que si éste es verdaderamente el lienzo funerario que se empleó para envolver el cadáver de Jesús, la cuestión adquiere una trascendencia difícil de imaginar para los que nunca se han interesado en profundidad por este asunto.
La Sábana Santa de Turín no es únicamente -siempre hablando en hipótesis- la mortaja de Jesucristo sino también la "prueba" de su Resurrección. ¿Podría ser así?

Desde que empecé a estudiar seriamente este apasionante enigma en el año 1989, lo que más me ha interesado y lo que realmente me "atrapó" es cómo se formó la imagen de ese Hombre en el Lienzo, tanto en su parte frontal como dorsal.
En cuanto a la impronta de ese crucificado, los científicos nos dicen, tras estudiarla profundamente, que esa imagen se formó por radiación, provocada por una energía de origen desconocido que brotó del cadáver que envolvía y que chamuscó superficialmente el tejido.
Si la imagen de ese Hombre quedó plasmada en el tejido por radiación, mi pregunta es: ¿de qué cadáver puede brotar o emanar una energía o radiación capaz de dejar su impronta en el tejido que lo cubría?... Creo sinceramente que actualmente no existe una respuesta satisfactoria para responder a esta pregunta. ¿Quién era ese Hombre? ¿Qué cadáver es capaz de emitir una radiación?... Ésta es una de las claves de la cuestión.

En la Síndone aparece la imagen, tanto en su parte frontal como dorsal, de un Hombre que ha sido brutalmente golpeado y maltratado, flagelado, coronado de espinas, crucificado y alanceado por el costado derecho. Mide aproximadamente 1'81 m, su peso se ha estimado en unos 80 kg y es de complexión atlética.
Presenta barba, no excesivamente larga, bifurcada en dos en el mentón.
Su pelo es largo, llegándole por encima de los hombros, peinado con raya en medio.
Su sangre, que impregnó el tejido de lino de la Sábana, pertenece al grupo AB (el más abundante en la tierra de Jesús). Tan sólo lo posee entre un 3 y un 5% de la población mundial.
Ese Hombre fue crucificado por las muñecas, concretamente por el llamado espacio de Destot, y no por las palmas de las manos.
Para crucificarle por los pies se utilizó un sólo clavo, poniendo primero el pie derecho contra el madero y sobre éste el izquierdo, utilizando, como digo, un sólo clavo para ambos.
Se pueden contar hasta 120 golpes de flagelo por todo el cuerpo, cuyas marcas corresponden a las que hubieran dejado los llamados "flagrum taxilatum": flagelos utilizados por los soldados romanos para el tormento de la flagelación en los tiempos de Cristo.
A ese Hombre se le introdujo, ya muerto, un objeto punzante entre la quinta y la sexta costilla por el costado, que le atravesó el pulmón derecho y que le llegó hasta la aurícula derecha del corazón. Es su certificado de muerte.
También, entre otras cosas, a ese Hombre se le colocó sobre la cabeza un casco de espinas (y no una corona), que le cubrió toda la cabeza, desde la nuca hasta la frente, perforándole arterias y venas cerebrales, lo que provocó una abundante emanación de sangre que ha quedado impregnada en el tejido.
Basten, de momento, estos datos, ya que no es mi intención hacer ahora un exhaustivo reportaje sobre la Sábana Santa, sino tan sólo una breve aproximación y presentación del tema.

La Sábana Santa me interesó desde que empecé a oír hablar de ella, pero, como decía, lo que más me inquieta es el origen de su imagen por lo que ésta puede suponer e implicar. ¿Se provocó esa impronta en el Lienzo en el momento de la Resurrección de Jesús? ¿Nos encontramos, como han dicho varios especialistas, ante la "fotografía" de Jesús en el momento preciso de su Resurrección? ¿Quién era Jesús para dejar su imagen ahí, en su mortaja? ¿Un profeta más?... No lo creo.

Jesús de Nazaret profetizó en vida y en repetidas ocasiones su propia Resurrección, hasta el punto de que cuando fue crucificado y sepultado, los sanedritas, escribas y fariseos le pidieron a Pilato que ordenara poner una guardia a la puerta del sepulcro para evitar que su cadáver fuera robado por sus seguidores y que éstos anunciaran falsamente que el Maestro había resucitado. Es decir, que el hecho de la Resurrección era conocida por el propio Jesús, por sus Apóstoles y seguidores aún en vida. Él dijo que resucitaría al tercer día, y lo cumplió. No lo digo yo, lo dice la historia. Sí, la propia historia.
Téngase muy en cuenta que si Cristo no hubiera resucitado, ¿qué predicaban los Apóstoles tras su muerte y reaparición ante ellos Resucitado? Es sumamente significativo analizar mínimamente el cambio, la mutación, la absoluta transformación que se produjo en el ánimo y actitud de sus Apóstoles después de producirse la Resurrección y aparición de Jesús después de su muerte en la cruz.
Cuando el Nazareno es crucificado, muerto y sepultado, los Apóstoles huyen, se esconden, sienten un profundo temor, fueron presas del miedo, temían ser apresados y correr la misma suerte que su Maestro. Pero cuando llega el Domingo y Jesús se aparece ante ellos en varias ocasiones, cambian por completo, son otros hombres: valientes, libres de temor, predicando y curando por toda Jerusalén, anunciando abiertamente que Jesús de Nazaret había resucitado de la muerte y que se había aparecido ante ellos y otros discípulos y seguidores.
No trato, ni mucho menos, de convencer a nadie. Simplemente expongo unos argumentos que se caen por su propio peso. Son argumentos cargados de pura lógica, que tras un mínimo análisis de lo que ocurrió, resultan ser muy plausibles.

Y yo pregunto: Si Jesús no resucitó y no se apareció repetidamente ante ellos -los Apóstoles y algunos seguidores-, ¿iban a predicar algo -la Resurrección del Maestro- que sabían que era falso, hasta el punto de jugarse la vida por una mentira? Lo dudo mucho. Aquellos hombres y mujeres vieron "algo" que les cambió radicalmente su forma de actuar, un hecho extraordinario que transformó hasta lo más profundo de su ser.
Y veinte siglos después, el desarrollo de la tecnología y el avance vertiginoso de la ciencia nos han permitido estudiar e investigar la que pudo ser -por no decir categóricamente que fue- su Lienzo funerario, su mortaja, la Sábana mortuoria que se utilizó para envolver su cadáver magullado y ensangrentado.
Vaya por delante que servidor no profesa ninguna religión en particular. No pertenezco a ninguna religión ni grupo en particular. Siempre me ha gustado ir por mi propio sendero, sin comprometerme con dogmas, ritos, creencias obligadas, etc. Soy -se podría decir así- un buscador transeúnte. Creo y amo profundamente a Jesús de Nazaret, pero, repito, fuera de cualquier grupo o religión concreta.
Siempre he procurado ser objetivo con todos los temas que abordo, pero cuando el asunto es tan evidente como el que nos ocupa, no nos queda mas remedio que agachar humildemente la cabeza y reconocer que tras esa imagen del Hombre de la Síndone podría estar la mano de Dios.


Actualmente, estoy trabajando, entre otras cosas, en la elaboración de mi libro sobre la Sábana Santa de Turín. Espero y deseo que, si Dios quiere, dentro de algún tiempo vea la luz en el mercado editorial. Es un tema sumamente serio y por desgracia aparecen, de vez en cuando, trabajos y libros que no están lo suficientemente elaborados, que carecen del rigor preciso. Por otra parte, claro está, existen fabulosos trabajos sobre el tema, escritos con gran precisión y apoyados en fuentes fiables. Sugiero que sepamos discriminar unos libros de otros, y que no nos dejemos llevar por sensacionalismos. Si usted quiere leer buenos libros sobre la Sábana Santa, visite nuestro
"Rincón del Sabio". Ahí encontrará una extensa lista de los libros que, en mi opinión, resultan ser los más rigurosos.

Ahora les invito a que escuchen nuestros programas de radio dedicados a la Síndone de Turín. Los hicimos entre abril y mayo de 2001, en nuestro programa "Más allá de la realidad". Dedicamos diecisiete noches a hablar del tema. Fue, aunque no está del todo bien que yo lo diga, un rotundo éxito. Recibimos un total de más de doscientas cartas de los oyentes para que les enviásemos la fotografía del Hombre de la Sábana Santa. Gracias, desde aquí, a todos aquellos oyentes que se han quitado sus horas de sueño para escuchar nuestros programas.
Ahora, y transcurridos unos años, hemos decidido rescatar todos esos programas dedicados a la Sábana Santa y ofrecérselos a todos ustedes. Los pueden escuchar de una forma totalmente gratuita e inmediata o guardarlos y escucharlos cuando deseen. No obstante, en otras secciones de nuestra página web, les ofrecemos otros programas y entrevistas dedicados a este inquietante asunto.
También, y al final de la relación de programas de radio que aparecerán en su pantalla, les ofrecemos una selección de direcciones en Internet donde podrán ver detenidamente las fotografías y explicaciones pertinentes sobre la Síndone de Turín.

Tan sólo me queda desearles que disfruten escuchando esta serie de programas de radio y decirles que, al menos, el gran enigma de la Sábana Santa merece ser estudiado y digno de ser, por lo menos, conocido. Otra cosa es la conclusión a la que lleguemos después...

Un afectuoso saludo,
                   
                        Santiago Vázquez




© Santiago Vázquez