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Reflexionando sobre el terrorismo...
Dios, en el monte Sinaí, le dijo a Moisés: "No matarás" (Ex 20,13 y Dt 5,17)
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El mundo, nuestro mundo, vive momentos convulsos y agitados, y nos
preguntamos qué está sucediendo. El odio, la violencia y la maldad se
oponen diariamente a la paz y al amor en muchos puntos del planeta. Se
puede muy bien afirmar que el odio le está ganando la batalla al amor, a
la concordia, a la fraternidad.
Jesús
de Nazaret, al igual que muchos otros grandes personajes de nuestra
historia, es el modelo a seguir, independientemente de las creencias
particulares de cada uno. Jesús fue y es el “hombre”-Amor, Aquel que
pasó por nuestro mundo haciendo el bien a todos aquellos que se cruzaron
en el camino de su vida. Bien resumió el Nazareno sus enseñanzas cuando
les dijo a sus Apóstoles, cercana ya su crucifixión, las siguientes
palabras: “Un Mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los
otros como yo os amo”.
La
enseñanza vital de Jesús es la práctica de la caridad, de la compasión,
del amor, del perdón, del abrazo fraterno... ¿Coincide lo que vemos
diariamente con lo que nos enseñó Jesús? La respuesta es evidente. No sólo
desoímos las palabras del Rabí Jesús (como muchos le llamaban), sino
que hacemos todo lo contrario.
Osama
Ben Laden (cuya fotografía incluyo más arriba por representar
actualmente al prototipo del odio, la muerte y el terror) amenaza con su
dedo índice a buena parte de la Humanidad. ¿En qué mente sana puede
caber que Dios, que es todo Bondad y Amor, ordena asesinar y masacrar al
prójimo? ¿Qué clase de monstruo es ese Dios en el que Ben Laden y sus
seguidores dicen
creer?
El
asunto es grave y muy complejo, pero es obvio que nos encontramos ante dos
caminos completamente opuestos: el Amor y el Perdón que nos enseñó Jesús
o el Odio, la Violencia y la Muerte que siembran Ben Laden y otros muchos
que, sin ser terroristas, actúan diariamente como si lo fueran.
Hagamos
el esfuerzo diario de imitar un poco más a Jesús y, si lo quieren,
también a Krishna, Buda, Francisco de Asís, Gandhi y tantos hombres y
mujeres de bien que consagraron sus vidas a servir y a amar al prójimo y
no a asesinarlo. Quien mata a su hermano transita por un sendero
equivocado que le traerá, en su momento, mucho dolor y sufrimiento.
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© Santiago Vázquez